1. Punto de partida: plazos corriendo y presión máxima
El cliente llegó con la ejecución en marcha tras varios impagos puntuales y una cláusula de vencimiento anticipado activada. El crédito había pasado a un fondo de inversión y la subasta avanzaba.
No necesitaba solo ganar tiempo: necesitaba una salida real para conservar su vivienda y recuperar estabilidad financiera.
2. Estrategia de negociación orientada a intereses reales
La clave fue entender qué buscaba cada parte: el fondo quería liquidez inmediata y salida del activo. A partir de ahí, se diseñó una estructura de negociación viable para todos.
Se articuló una operación con un inversor privado que adquirió la deuda y la propiedad en condiciones favorables, cerrando el conflicto con el fondo.
3. El esquema triple ganador
Primero, se negoció la deuda con descuento para extinguir el frente más agresivo de la ejecución. Después, el cliente firmó un alquiler con opción a compra con el nuevo propietario.
Eso permitió que permaneciera en su casa pagando una renta asumible, ganando tiempo para ordenar su economía y preparar la recompra en mejores condiciones.
4. Resultado: recuperar la vivienda y reducir carga financiera
Transcurrido el periodo pactado, el cliente ejerció la opción de compra y formalizó nueva financiación en términos mucho más sostenibles que la hipoteca original.
La deuda inicial quedó cancelada, el inversor obtuvo rentabilidad y el cliente conservó su vivienda sin llegar al desalojo.
Puntos clave
- Una ejecución hipotecaria no implica automáticamente perder la casa.
- La negociación estratégica puede ser tan decisiva como la defensa judicial.
- El alquiler con opción a compra puede actuar como puente de rescate.
- Cada caso exige diseño jurídico y financiero a medida desde el inicio.